Residencia Teatro Niño Proletario

El Jardín Sahel
Residencia Teatro Niño Proletario (octubre 2016)
La Residencia en El Jardín Sahel es la pausa entre dos ciclos de lo que ha sido y será Fulgor. El espacio aislado de la ciudad, en medio de la naturaleza y la comodidad de las instalaciones nos dan el privilegio de retraerse a pensar y dedicar jornadas completas a la tarea de analizar una obra, cuestionar decisiones, insistir y dejarse permear por el contexto. La posibilidad de trabajar sin la presión de un producto concreto que resulte de este espacio, valorar el proceso como un resultado en sí mismo es resistir a la presión de obras finitas, de una sociedad que piensa el tiempo como una inversión. Perderse en el trabajo, responder al ocio no como evasión sino como encuentro con ciertas vitalidades, es la experiencia que nos propone este espacio. De ahí que empieza a surgir un cuestionamiento por los residuos, por la intersección, por el entre no solo de temáticas sino también de la experiencia de creación artística y de la reflexión intelectual. En una especie de ensayo y error, entregarse vitalmente a la tarea en conjunto es un privilegio que nos hace volver a Fulgor como un proceso en constante experimentación, que empieza a clamar por nuevos formatos, por la experiencia inespecífica, por los lenguajes artísticos que ofrecen otros soportes para expandir la creación y el cuestionamiento que ha sido para nosotros mismos Fulgor.
La residencia en Jardín Sahel nos ha invitado a dialogar con otros artistas nuestros procesos, ese ejercicio además de nutrir la experiencia creadora nos obliga a aclarar ciertas metodologías y propuestas de nuestro trabajo, es en ese diálogo que se crea una alianza fraternal, no solo institucional, y que emerge con mayor claridad las decisiones que conforman nuestras búsquedas. Aclarar el proceso para otros nos ayuda a visitarlo, armar una narrativa y asociar nuevos desafíos para darle un giro a espacios que nos parecen seguros.
Esperamos poder volver a hacer una pausa en este lugar y repensar o experimentar las ideas que han nacido acá, mostrarlas en el contexto argentino y con ello seguir pensando la obra como proceso cambiante y vivo, en el diálogo que nace gracias a espacios como este y a la colaboración amistosa de amigos artistas que aquí hemos encontrado.